Stefan Zweig. Fouché

Este es un magnífico retrato de un personaje que representa, mejor que ninguna otro, la actividad política entendida sólo como un ejercicio de ambición personal y la práctica de la intriga como una de las bellas artes, ejercida no sólo como medio, sino con una auténtica pasión que acaba por hacer de finalidad. Esta es la biografía del político faltado de cualquier escrúpulo o de consideración o límite moral. La política llevada al extremo como arte de la seducción, el engaño y la trampa, que convierte en un mero aprendiz en la figura de Maquiavelo. El instinto de poder llevado a las últimas consecuencias, la ocupación del poder como principio y final de cualquier pulsión política. La exageración de lo de “el fin justifica los medios”, validando cualquier comportamiento. La política entendida como una actividad no tanto pública, sino que se ejerce en una penumbra desde la que no se trata tanto de ser entendido, como ser temido. El cinismo como la culminación de las habilidades humanas para gestionar y disponer de lo público. Joseph Fouché vivió las diversas épocas de la Revolución Francesa, el período napoleónico y la restauración monárquica en Francia entre los siglos XVIII y XIX, y no sólo sobrevivió, sino que en todas sus fases consiguió terminar para mover los hilos del poder y, en general, controlar el ministerio de la policía francesa. En un tiempo en que todos los que ocuparon el poder, tarde o temprano, eran víctimas de los cambios repentinos de los tiempos, él siempre flotó y, como se diría ahora, se “reinventó”. Cura que renegó de su condición a los inicios de la Revolución, comenzó estando con los moderados para terminar en el sector más radical del movimiento, sabiéndose posicionarse siempre dentro del sector hegemónico. Consiguió llevar a la guillotina al mismo Robespierre. Aunque desconfiaba de él, se convirtió en imprescindible para Napoleón, utilizando la misma Josefina de confidente policial, y cuando convino lo entregó para facilitar el retorno de la monarquía. ¡Un itinerario brutal!

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Este no es justamente un libro reciente, pero se lee con el mismo interés que si lo fuera. Fue escrito en 1929, por uno de los intelectuales europeos más interesantes de la primera parte del siglo XX y uno de los grandes especialistas en el género de la biografía. Zweig representa bien la mejor cultura centroeuropea que sufrió con la hegemonía del totalitarismo. Judío, él y su esposa se suicidaron en su exilio brasileño, en 1942. En Fouché. Retrato de un hombre político (Acantilado, 2018), el autor vienés retrata de manera excepcional un personaje que parece más digno de la ficción que de la historia. Describe, con cierto humor, la práctica conspirativa y malévola de la política, justamente para combatirla. Aunque nos separan dos siglos del personaje, en la lectura de su acción, senderos y recorridos, nos veremos constantemente tentados a ver reflejadas actitudes y políticos bien contemporáneos y probablemente cercanos. Una lectura divertida, entretenida y muy pedagógica sobre la política y sobre la falta de escrúpulos que, demasiado a menudo, la acompaña.

 

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