Libros

Adiós a la soberanía política

Los tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA…) y qué significan para nosotros

¿Es el capitalismo del siglo XXI incompatible con la democracia? En los ochenta, con la globalización económica, se desregularon las economías y se criticó el intervencionismo estatal. El resultado fue más desigualdad y más pobreza. Ahora se pretende dar una vuelta de tuerca más a la liberalización económica: ya no se trata de disminuir las «interferencias» estatales, sino de dinamitarlas mediante los tratados de nueva generación, para que el Estado deje de actuar como resistencia y se ponga al servicio de las élites globales. De este modo, hay quien considera —y existen poderosas evidencias de que es así— que la economía capitalista en su fase actual ha devenido incompatible con la democracia, en la medida de que su objetivo es que los ciudadanos no puedan tomar decisiones que resulten inconvenientes para su voracidad. Josep Burgaya, doctor en Historia Contemporánea, ha escrito un libro fundamental para entender en qué punto nos encontramos y cómo debería reaccionar la ciudadanía ante estos gigantes hambrientos. Sólo queda saber cuándo ocurrirá esta reacción: si será antes o después de que sea demasiado tarde.

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La economía del absurdo

En el mundo occidental, aparentemente, los consumidores estamos de enhorabuena. Nunca como en las últimas décadas habíamos tenido acceso a tantos productos y tan baratos. Hemos ido perdiendo la condición de ciudadanos, pero se nos ha compensado con un auténtico abarrocamiento de la sociedad de consumo. Nos podemos cambiar la indumentaria cada día de la semana porqué el precio de unos pantalones en Zara es irrisorio, o bien rediseñar “la república independiente de nuestra casa” una vez al año, porqué las estanterías y sofás de Ikea tienen unos precios que parecen de broma. ¿Cómo es posible esta fiesta continua para los consumidores? Pues es muy sencillo, por la eficiencia de una producción masiva hecha con costes laborales irrisorios, en países alejados. Todos aprovechamos las oportunidades, los compradores y las marcas.

El problema, es que el sistema tiene efectos colaterales no deseados –como suele suceder con las gangas- y aquello que aparentemente es barato acaba resultando, al menos colectivamente, demasiado caro. Y no es solo una cuestión de derroche de recursos y de impacto medioambiental, que también, sino que con la lógica productiva y económica de este sistema, los consumidores nos vamos quedando progresivamente sin trabajo. Nos han flexibilizado. Nos guste o no cada acto de compra que realizamos tiene connotaciones en la economía global y los productos abundantes y baratos -y no solo estos- refuerzan la tendencia de nuestras industrias a desplazarse hacia lugares ignotos parar producir más barato porqué la pobreza de mucha gente, provoca que les resulte una bendición cobrar salarios de miseria. A nosotros, cada vez nos resulta más difícil encontrar trabajo, y aún más en condiciones y salarios dignos. En medio, se dejan de ingresar impuestos, se destruye el comercio y se cierra una cantidad significativa de fábricas y de pequeños negocios. Estamos inmersos en una carrera de mínimos que no es sino una trampa de pobreza.

El Estado de bienestar y sus detractores

Durante décadas, El Estado de bienestar y el modelo social europeo han hecho posible la creación de sociedades inclusivas, bastante justas y equitativas, y con buenos niveles de seguridad colectiva. Un acuerdo y un consenso histórico en el ámbito político y social, que descansaba sobre una determinada noción de la economía, el keynesianismo, donde el mercado y la acción correctora y de la intervención pública ponían coto a la desigualdad y a las ineficiencias que podían llevar al colapso. Un sistema que tuvo siempre sus detractores, quienes aprovecharon los efectos de las crisis petroleras de los años setenta para imponer una revolución liberalconservadora que estableció el triunfo absoluto de los mercados desregulados, del individualismo extremo y del afán de lucro desmesurado. Se apostaba por una sociedad de ganadores y de perdedores.

L'estat del benestar i els seus detractors

Este libro trata tanto de los fundamentos políticos y económicos del Estado de bienestar, como de los supuestos en que se ha basado el combate contra él. De cómo el liberalconservadurismo triunfante ha desnaturalizado y puesto en jaque al modelo social europeo y nos ha llevado hasta la crisis y el desconcierto actual.

El Futur ja no és el que era

La crisis actual no es sólo ni estrictamente económica. Tiene aristas y dimensiones múltiples. Han explotado las burbujas financiera e inmobiliaria, pero también la burbuja moral en la que estábamos instalados. Demasiados años autosatisfechos pensando que el progreso económico era ilimitado y que los cambios tecnológicos nos habían situado en una nueva dimensión, mientras disfrutábamos de les seguridades que nos proporcionaba el estado de bienestar y el modelo social europeo, sin valorarlas.

El futur ja no és el que era 002

Vivimos durante décadas como nuevos ricos, imbuidos de la soberbia de que todo era posible, con unos fundamentos muy frágiles. El individualismo y la codicia eran los valores triunfantes. No importaba la desigualdad creciente, la exclusión social de los que no conseguían participar de la fiesta ni que la política quedara reducida a temas menores. Ahora nuestro futuro está hipotecado.

Compendio de artículos de opinión, publicados entre 2012 y 2013 en “El 9 Nou”.