Rob Riemen. Para combatir esta era

No se puede reducir el fascismo a una anomalía histórica que se produjo en la Europa de los años treinta. La pulsión totalitaria es siempre presente en las sociedades, como una enfermedad endémica, lo espera las condiciones adecuadas para aflorar y convertirse en epidémica. Esta es la concepción de este interesantísimo pensador holandés, el cual haciendo suyas las palabras de Thomas Mann en su exilio norteamericano los años cuarenta, afirmaba que a pesar de la derrota de Hitler en los campos de batalla, el fascismo resurgiría en otros lugares y momentos, incluso en Estados Unidos, y que lo haría de manera engañosa “en nombre de la libertad”. Los seres humanos somos tan racionales como irracionales, y el fascismo es el cultivo político de nuestros peores sentimientos irracionales: el resentimiento, la xenofobia, el odio, el deseo de poder y el miedo. Como escribió el director cinematográfico Federico Fellini: “El fascismo siempre surge de un espíritu provinciano, de una falta de conocimiento de los problemas reales y el rechazo de la gente -por pereza, prejuicio, avaricia o arrogancia- a dar un significado más profundo a sus vidas “. Hay un nuevo movimiento político en Europa que no hace más que explotar el resentimiento. Una postura política que no está alimentada por la estupidez, sino por la semicivilización, reconocible en el uso continuo que hace de eslóganes y retórica. No hay que olvidar, que el totalitarismo ganó el poder político en Italia y Alemania como resultado de la arrogancia, así como la cobardía y traición de las élites sociales.

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En Para combatir esta era. Consideraciones urgentes sobre fascismo y humanismo (Taurus, 2018), Rob Riemen considera que, más que el fundamentalismo islámico, la mayor amenaza para nuestro mundo es la crisis inherente a la sociedad de masas: la crisis moral, la creciente trivialización y el ensuciamiento de nuestra sociedad. Caminamos a la deriva, arrastrados y empujados por nuestros propios deseos y ansiedades. Cuando el lenguaje pierde el significado, no puede existir ninguna forma de verdad y la mentira se convierte en norma. No hay una medida para nuestras acciones y todo se vuelve subjetivo. Mi yo en particular, mi ego, se convierte en la medida de todo, y entonces lo único que importa es que siento yo, que pienso yo. El delicado ego como centro de todas las cosas, no tolera la crítica de los demás y no tolera la autocrítica. El fascismo pervive como la politización de la mentalidad del rencoroso hombre-masa. Es una forma de política empleada por los demagogos, el único móvil es la ejecución y ampliación de su poder, para ello explotarán el resentimiento, señalarán chivos expiatorios, incitarán al odio, esconderán el vacío intelectual bajo eslóganes e insultos estridentes, y convertirán el oportunismo político en una forma de arte con su populismo.

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