Un nuevo terreno de juego

La presidencia de Pedro Sánchez crea unas circunstancias bastante nuevas en la política española. No se puede decir que el contexto político sea radicalmente nuevo ya que los problemas planteados son básicamente los mismos que lo eran hace una semana, pero las condiciones para hacerles frente han mudado un poco, así como también el clima político. Se abre un periodo con inéditas oportunidades que está por ver si se sabrán aprovechar por parte de los muchos actores en juego, pero al menos se emprende un camino un poco innovador donde parece que predominará una actitud más proactiva frente al laissez faire laissez passer de los últimos años. De hecho y más allá de la corrupción lo que se ha llevado por delante a Mariano Rajoy y los suyos ha sido su eterna actitud contemplativa. Ni siquiera supieron reaccionar ante una moción de censura muy bien planteada en tiempo y forma. Seguramente interpretar la victoria de Sánchez como un épico “triunfo de la voluntad” resultaría exagerado, dado que la vida política está llena de giros inesperados y a veces de favorables alineamientos de los astros, pero reducirlo todo a una carambola como hacen algunos, resulta excesivamente reduccionista. La tenacidad del actual presidente parece estar fuera de toda duda, como también una cierta capacidad para captar los estados anímicos de la militancia. Se ha rehecho de derrotas y humillaciones de las baronías de manera impensable y no tiene ninguna deuda, al contrario, con unos medios de comunicación que, como poco, siempre lo han tratado de manera displicente. Nadie daba nada por él -sinceramente, yo tampoco-, y ahora se ha proporcionado, a pesar de la debilidad parlamentaria, de una magnífica oportunidad política.

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Hay que ver los damnificados que ha provocado este giro en la política española. Probablemente los más descolocados son los de Ciudadanos que, con un exceso de confianza con las encuestas que les eran favorables, creyeron que el desgaste del PP les serviría el Gobierno en bandeja. Su prisa, justamente sirvió para activar la mayoría favorable a la Moción. No es seguro que la pugna por la radicalidad que sostendrán ahora con el PP en la oposición les acabe resultando rentable. La histeria suele dar malos resultados en el medio plazo. Aunque se han presentado como ganadores morales, Podemos se ha visto obligado a reformular su estrategia política y renunciar al sorpasso de izquierdas y tomar una actitud colaborativa. No deja de resultar poético ver Pablo Iglesias ejecutando la estrategia política que en su momento reprochaba a Íñigo Errejón. El PP puede parecer el gran perdedor. Sólo lo es en parte y de manera inmediata. Ciertamente más de un millar de cargos pierden su poltrona y eso duele, especialmente en lo que tiene de inesperado. Se le facilita, sin embargo, su regeneración a medio plazo aunque el interregno pueda resultar muy belicoso internamente. La sentencia de la Gürtel y todas las que vendrán no le dejaban recorrido político. Ahora ha ganado tiempo para recomponer y también para apelar a una lógica bipartidista que estaba seriamente en duda. Podría resultar una dulce derrota si la tentación cainita no los autodestruye.

Cambia también bastante la política catalana. Aunque algunos hagan oídos sordos, la dialéctica de conflicto permanente y progresivo del entorno Puigdemont podrá continuar haciendo tuits incendiarios, pero cada vez tendrá menos que decir. El PSC pasa ser el partido de referencia para articular caminos de salida a un conflicto que, ante todo, hay que resolver en la sociedad y la política catalana. El PDCAT y así también ERC se ven reforzados en el mundo independentista y, a pesar de los gestos más bien patéticos del gobierno Torra, parecen estos partidos destinados a protagonizar la reconducción de la estrategia de El Proceso hacia el posibilismo. Habrá que ver cómo se las arreglan para transformar maquinarias pensadas más para el enfrentamiento que para la política. Probablemente en las próximas semanas los gestos serán tan o más importantes que los hechos, como lo será el establecimiento del marco de discusión que, en mi opinión, debería ser el Parlamento de Cataluña. Una buena ocasión, además, para que esta institución recupere la dignidad perdida y vuelva a ser de todos y representar a todos.

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