Nuccio Ordine. La utilidad de lo inútil

Estamos ante un libro delicioso en el que, en medio de un mundo en el que se ha mercantilizado absolutamente todo, se reivindica el valor del conocimiento por sí mismo, el acceso a la cultura universal, la formación sin pretensiones rentabilizadoras. Un recorrido intelectual por aquellos autores que a lo largo de la historia han defendido el valor inherente del conocimiento en la conformación de los individuos, al margen de cualquier consideración utilitarista. Una reivindicación de las humanidades, la literatura y el disfrute artístico, así como del concepto de cultura general, el cual tiene que ver con la proporción de elementos de conocimiento que, aunque no generen actividades directamente lucrativas, son fundamentales en la nuestra conformación como personas libres, autónomas e independientes. De hecho, el autor más que reivindicar “lo que es inútil”, lo que hace es un ejercicio de ironía en el que pretende hacernos evidente que justamente aquellos aspectos de la vida que se suelen situar en el ámbito de lo que es prescindible, porque no son monetizables, son los realmente importantes para nuestro desarrollo, por nuestra comprensión del mundo y, porque no decirlo, para acceder a un grado aceptable de bienestar personal. Como bien escribió Théopile Gautier, “sólo es realmente bonito lo que no sirve para nada. Todo lo que es útil es feo, porque es la expresión de alguna necesidad y las necesidades del hombre suelen ser de baja estofa. En términos materiales el rincón más útil de una casa son las letrinas”.

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En La utilidad de lo inútil (Acantilado, 2017) este profesor de literatura y pensador italiano, elabora en forma de manifiesto una reivindicación del pensamiento libre y del conocimiento y la práctica de la cultura como los ámbitos fundamentales de desarrollo de la condición humana, y nos alerta sobre la perversión de un conocimiento y una formación encaminada únicamente a cuestiones prácticas. Especialmente, rechaza la evolución que han sufrido las universidades occidentales, las cuales han apostado mayoritariamente por una formación profesionalizadora que tiene poco que ver con la proporción de instrucción sólida y de larga duración. Reprocha a esta institución, el descenso exagerado de los niveles de exigencia, para da facilitar un fácil acceso a la titulación a unos estudiantes ahora considerados y tratados como clientes. Es la negación de la función universitaria, convertida en una expendeduría de titulaciones donde los conceptos de esfuerzo, aprendizaje, dificultad o requerimientos han perdido todo su sentido. La docencia convertida en un juego interactivo, superficial, donde lo que se seguro es que el estudiante continuará siendo un perfecto ignorante, mientras los profesores son degradados a la condición de burócratas al servicio de la gestión comercial de las empresas universitarias. Se promete empleo e ingresos a los futuros titulados “profesionalizados”, y no se les avisa que, de hecho, no se les ha preparado para trabajos inexistentes, y menos para la vida.

El libro se cierra con un texto muy elocuente del pedagogo norteamericano Abraham Flexner, escrito en 1910 como informe sobre la enseñanza de la medicina, donde pone de relieve las perversiones de la formación utilitarista. Justamente el título del texto es “La utilidad de los conocimientos inútiles”. ¡Disfrutadlo!

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