Parsimonia

Decididamente, Mariano Rajoy es un personaje peculiar, único. Dicen que en política es muy importante dominar los tempos, al modo de Xavi a los campos de fútbol, pero el eterno presidente en funciones del gobierno de España ha convertido la espera no en un interregno, si no en la situación de llegada. Parece lógico que quien tiene la pelota en su campo de la política española es el partido Popular y Rajoy, pues los resultados electorales les dan la iniciativa. La capacidad de hacer como si no hubiera prisa, que la cosa no fuera con ellos, esperando que las cosas decaigan espontáneamente, es brutal. La inacción como forma de acción. Las fotografías veraniegas practicando una versión muy especial de running en su Galicia natal, parecen querer indicar que no pasa nada, que lo que tenga que ser, ya llegará. De hecho si nos hemos de regir por las imágenes, no sólo el Presidente parece vivir en un permanente stand by. El líder del PSOE ha decidido huir de la realidad y hacerse escurridizo tras expresar un NO rotundo a Rajoy (que todo el mundo ha entendido que significa un QUIZÁ), probablemente huyendo más de los varones de su partido tan dados a hacer actos de “responsabilidad”. Las imágenes de “días de playa” sin embargo, no le hacen ningún gran favor de cara a una opinión pública que le parece que esta broma de formar gobierno ya dura demasiado.

También Pablo Iglesias y Podemos han desaparecido. Habrá quien lo verá como un acto de prudencia en espera de que la imposibilidad de un gobierno de Rajoy les vuelva poner en el primer plano de la política española. En realidad, sin embargo, este partido y sus dirigentes parecen haberse instalado en una cierta melancolía, cuando no depresión, por unas tan altas expectativas que lógicamente no se han cumplido. Con una fuerte y constante presencia en los medios de comunicación no es suficiente para obtener la hegemonía social y política que permita “asaltar los cielos” de manera fácil. Han representado bien un estado de ánimo que quiere cambios profundos, pero tendrán que picar mucha piedra para convertir el malestar en un proyecto político ganador, y el exceso de arrogancia no ayuda. Sólo Ciudadanos parece estar en activo y no haberse ido de vacaciones. Un hiperactivo Albert Rivera intenta lanzar mensajes para conseguir quedar como la gente de la responsabilidad que facilita la gobernabilidad, pero a la vez que no se vende los principios por un plato de lentejas. La imposible cuadratura del círculo, vaya; en tanto el PSOE no se preste, aunque sea por pasiva, a facilitar la investidura de Rajoy y que continúe gobernando España la gente que ha hecho las políticas más antisociales que por aquí se recuerdan.

Estos últimos tiempos nos recuerdan bastante que la cultura política democrática es todavía bastante novel en España. No saber qué hacer en situaciones peculiares o inesperadas en las que no hay mayorías claras lo pone en evidencia. No hay mejor metáfora de que la política ya no es lo que era, que es un teatrillo ya no depositario de los poderes reales, el hecho de que se convierta en normalidad no tener gobierno y que, encima, nadie se sienta apresurado. Así ya llevamos casi un año. Rajoy especula en los beneficios que le reportarían unas terceras elecciones consecutivas, en las que probablemente fagocitaria Ciudadanos. Quizá es que ahora el poder político es eso. Ya no se trata de ejercerlo, sino sencillamente de disponer de los múltiples beneficios que conlleva el ocuparlo. Algún malintencionado, que siempre hay, diría que es el modelo catalán de hacer política.

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