Cada vez más vulnerables

Acaba de salir publicada la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año y, como no podía ser de otra manera hace un retrato bastante deprimente de la situación sociolaboral en España y en Cataluña.

Entre convocatorias electorales, el rifirrafe entre los partidos, el Proceso soberanista y el final de la Liga, el tema pasará desapercibido, como de hecho en nuestro mundo suelen discurrir las cosas importantes, ante el empuje informativo de los sucesos “urgentes”. Se evidencia con cifras algo bastante notorio, como es que la recuperación económica, la real no la del PIB, es una ficción que nos pretenden transmitir los propagandistas del optimismo gubernamental. Los desempleados no disminuyen, sino que aumentan, y lo que es peor, también van siendo menos los activos ocupados. Aunque el espejismo de contratos de trabajo ridículos por su precariedad y duración pueda servir para maquillar las cifras y provocar que no se pueda diferenciar mucho entre tener algunas ocupaciones o no tenerlas, la realidad es que caen los activos empleados. En España el paro vuelve al 21%, mientras que en Cataluña se mantienen los niveles de 2015, con un 17,5%. No puede haber sociedades mínimamente satisfechas e inclusivas, con unas cifras como éstas que ya se alargan más de 8 años y en que nada indica que mejoren a corto y a medio plazo. Por grupos de edad, el desempleo de los jóvenes rompe con todo consenso intergeneracional. En Cataluña los menores de 25 años están desempleados en un 38%, si bajamos el umbral a los 20 años, el paro sube casi hasta el 60%.

El problema no es sólo el retrato de una determinada situación ocupacional, sino la tendencia, así como el futuro que nos depara la evolución demográfica. Continuando en Cataluña, hay en este momento unos 3.100.000 ocupados, que distan de las cifras de 3.700.000 empleados que habíamos tenidos años atrás con menos población absoluta, los cuales además disponían de salarios medios bastante más decentes que los actuales. De los 660.000 parados actuales, sólo 350.000 cobran algún tipo de prestación de paro, dejando a los demás a merced de solidaridades intrafamiliares y formas de apoyo de mínimos por parte de instituciones sociales no gubernamentales. De cara al futuro y para mantener el sistema de pensiones, las cifras no pintan demasiado bien. Hay en Cataluña 2.300.000 personas ya inactivas desde el punto de vista laboral. Tiene que ver con el envejecimiento de la población, pero también con unos años en que las jubilaciones anticipadas han servido para maquillar la envergadura de la crisis económica general y de las empresas en particular. En muchos sectores las jubilaciones se producen a partir de los 55 años, o antes. Una suma muy simple que se deriva de las cifras, es que los inactivos más los parados ya significan en Cataluña una cifra prácticamente idéntica a la de los empleados, los cuales con salarios menguantes se han convertido casi en los únicos que tributan a las arcas públicas proporcionando, lógicamente, unos ingresos cada vez más pequeños y más insuficientes para hacer frente a los servicios públicos y a las necesidades colectivas. La situación real del país es ésta, y estas son las expectativas que podemos tener y el bosquejo de un futuro que tiene pinta de empobrecido y precario. ¿No serían estas las grandes cuestiones a afrontar y a darles respuesta?

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