Escaso sentido del ridículo

No hay duda de que quien escribe el libreto de la política catalana es especialmente retorcido y perverso. No se puede negar que el “factor cup” hace en este libreto del sainete un papel destacable, pero tan forzado que incluso se ha convertido en escasamente creíble. Generar todo tipo de expectativas durante meses, atraer todos los focos para acabar empatando, es reírse de todos. La humillación infringida a Artur Mas y a JuntsxSi ya difícilmente se puede superar, pero que nadie espere una reacción de dignidad por parte de estos abandonando la partida y convocando elecciones, sino nuevas tentativas de implorar el voto para la investidura, de más presiones y amenazas . De manera vergonzante, el apoyo a la investidura de Mas se acabará produciendo, aunque servirá para poco más que para hacerse la ilusión de que el Proceso y su hoja de ruta siguen adelante. Hay quien gana un poco de tiempo, pero no cambia nada en el fondo, pues no se podrá gobernar sin mayoría estable y sin un proyecto plausible y realizable. Por más que se retrase, esta escapada tiene un final. Otra cosa es todo lo que habremos dejado por el camino.

Más allá de los agravios y los piques diversos, el problema de la política catalana de los últimos tiempos es que está instalada en la ficción de pensar que con buenas dosis de voluntarismo por parte de un sector de la ciudadanía, se llegará a las playas de Ítaca de manera fácil y armónica. Aparte de que el paraíso sólo es un sueño y un deseo, pero que no existe y no se suele cumplir, alguien debería explicar justamente a una ciudadanía ilusionada que sólo para intentarlo tendría que haber una mayoría social amplia y cualificada de la que no se dispone y de una estrategia creíble, basada en la realidad, que pudiera hacerlo posible. Ni existe ni lo uno ni lo otro. Ganar las elecciones del 27S no proporciona ni de lejos el apoyo necesario, y aún menos significa disponer de un camino y de un instrumental creíble. Que la mayoría del electorado se pronunció por cambios, parece evidente, lo que no lo es tanto es que quiera que lo lleven a callejones sin salida en los que sólo encontrará frustración.

Justamente, los resultados del 20D han matizado bastante en Cataluña los resultados del 27S. Los politólogos del régimen dirán que la clave electoral de unos comicios y otros es diferente. La veracidad de esto, sin embargo, no oculta que a una parte significativa del país le preocupan de manera prioritaria los temas sociales y que aspira a nuevas formas de representación y transparencia política, además de mayor autogobierno en el marco de una democracia española transformada y regenerada. El país es diverso e intuye formas diferentes de encarar el futuro. En estos casos se deberían imponer puntos de confluencia que fueran posibles, viables y que nos contuvieran, a ser posible, a todos. Entre el 30% que se expresan partidarios del Proceso de independencia exprés y el 25% que consideran que no hay contencioso político entre Cataluña y España, hay un 40% largo de gente que expresan, desde la izquierda sociológica y política, querer un nuevo encaje y un pacto con el Estado. Este parece el posicionamiento central, el punto de encuentro actual entre las muy diversas “cataluñas”. Continuar anclados en el Cupgate y en el Mas sí o no, es querer mantenerse en una pantalla entre irreal y patética. Lo escribió ayer un destacado dirigente cupero: “iría siendo hora de poner sobre la mesa la pura realidad: el proceso es el mayor fraude de la política catalana”.

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