Ian McEwan. La ley del menor

La última entrega de este reputado novelista es una verdadera joya literaria. Estamos ante un libro de madurez de este escritor británico, donde una prosa elegante y cautivadora sirve para construir un artefacto que, aunque nada pretencioso, contiene una grandísima profundidad en los temas que plantea. Como toda buena literatura, aborda dilemas éticos y conflictos morales, pero lo hace sugiriendo preguntas mucho más que dando respuestas. Estamos ante una pieza construida con un raro clasicismo, muy contenida y depurada en las formas, que pone sobre la mesa preguntas incómodas, pero que no se pueden evitar ni menospreciar. El libro trata del mundo de la justicia de menores, un ámbito en el que las decisiones tienen grandiosas consecuencias vitales y de futuro para las personas y ante las cuales los jueces, si tienen un mínimo de sensibilidad, no están nunca seguros del todo de acabar optando por lo que es más conveniente para los jóvenes. En este libro, la persona que tiene que tomar partido de manera tan apurada, debe hacerlo compatible con los avatares de una vida personal que tiene numerosas vías de agua, especialmente difícil de encontrarles salidas satisfactorias una vez se ha entrado en el pleno camino de la madurez y no resulta fácil rehacer los caminos equívocos. Una crisis personal, el fracaso de su relación de pareja y la frustración de no haber tenido hijos, es el contexto desde el que debe decidir sobre la colisión entre justicia y fe a propósito de un caso en el que le corresponde pronunciarse. Una reflexión serena y llena de matices sobre los efectos de las decisiones, no sólo las jurídicas, y sobre los asideros que tomamos para dar algún sentido a nuestras vidas.

En La ley del menor (Anagrama, 2015), McEwan sube un escalón más en su proyecto literario, lleno de una serena madurez que lo convierte en un libro de agradabilísima lectura, pero a la vez fermento de reflexiones de una cierta complejidad, y que incluso pueden resultar inquietantes. Un libro que conmueve, sorprendente en su trama y construcción, que necesita ser leído casi de una sola tirada. No deja mucho espacio para demorarse. Una novela relativamente breve, pero grande en su planteamiento y en el interés que despierta. Un compendio de sabiduría profunda, y de apuntar una gran diversidad de temas que se presentan, al igual que en la vida de manera interrelacionada. Su lectura significa dejarse poseer por el placer de la buena, de la mejor, literatura.

 

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