El datacentrismo

La empresa de datos Acxiom posee y comercia con datos personales de 300 millones de estadounidenses, es decir, prácticamente todos. Esta empresa lo sabe casi todo de los ciudadanos norteamericanos, por supuesto mucho más de lo que jamás haya podido ni siquiera soñar el FBI. Los individuos son agrupados en setenta categorías según su valor económico como consumidores. Son ofrecidos en su catálogo como puras mercancías. Una amplia gama entre los mayores consumidores, denominados shooting star, y los de valor económico escaso, los cuales son llamados de manera elocuente waste. No deja de ser significativo que al que no se le presupone valor económico se le llame como “basura”. Pero no es sólo una denominación, a este se le negará el crédito y la accesibilidad en muchos ámbitos. Está condenado de antemano por el “dataísmo”. Como ironiza Byung-Chul Han, “el Big Data da lugar a una sociedad de clases digital”. Significa el fin de la elección libre de la inteligencia, todo en nosotros está previsto por los datos que generamos. El smartphone es nuestra prisión.

Google es probablemente el paradigma de empresa tecnológica que está presente en la mayoría de actos de nuestras vidas, hasta un punto que desconocemos. Su posición de dominio de mercado es tal, que es imposible que no recurramos a ella en muchísimas ocasiones a lo largo del día, seamos conscientes o no. Su predominio comenzó con el motor de búsqueda de Internet, con su famoso y secretísimo algoritmo de selección, que ha llevado a que sea utilizado por una tercera parte de la población mundial. A partir de esto, ha desarrollado una gran cantidad de servicios, la mayoría de los cuales son gratuitos para los usuarios, como el correo electrónico Gmail, la agenda Calendar, el servicio de geolocalización de Google Maps y Google Earth, el sitio de videos YouTube, el navegador web Google Chrome, la red social Google+, la tecnología Android para smartphones y tablets, o las Google Glass. Con poco más de 15 años de vida, esta corporación factura 60.000 millones de dólares anuales, con un beneficio de explotación de 14.000 millones, es decir la brutalidad de un 24% de margen y dada su tendencia a la fiscalidad creativa el beneficio neto es de 13.000 millones de dólares, es decir, que a grandes rasgos su fiscalidad media no va más allá del 7%.

 

¿Dónde está la clave de tan buen negocio, aparte de su elusión y fraude fiscal, teniendo en cuenta que la mayor parte de los servicios que nos proporcionan son gratuitos? Pues algo que está en la letra pequeña de los contratos que no acostumbramos a leer, como es la comercialización publicitaria de nuestros datos privados y personales. Google está interesado especialmente en las opiniones y gustos de las personas, sabe lo que buscamos, a qué páginas recorremos o qué expresamos en nuestros correos electrónicos, lo que es celosamente guardado para siempre y utilizado para cruzar con otras informaciones de cara a establecer nuestras preferencias e intereses. Las propuestas publicitarias personalizadas nos llueven del cielo de inmediato, y nos parece insólito y casi imposible de haber consultado un monumento de una ciudad francesa, haga que nos aparezcan propuestas de hoteles, restaurantes y billetes de avión hacia esta ciudad de manera inmediata y en todos los entornos de Google. No toleraríamos ni una ínfima parte de este control, de ataque a la intimidad y de meterse en nuestras vidas a nadie y menos al Estado. ¿Por qué debe ser inocuo y aceptable si lo hace el Gran Hermano Google?

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