El triunfo de la disparidad

Estos días en los que la corporatocracia dominante se ha exhibido, ha hecho negocios y esquiado en Suiza; que se ha reunido como lo hace anualmente el Foro Económico Mundial de Davos, los ricos de verdad aprovechan para decir públicamente a los gobiernos del mundo lo que tienen que hacer para que no se pare su acumulación indecente de riqueza. Intermón Oxfam, en cambio, lo ha utilizado para dar a conocer, una vez más, este crecimiento imparable de la desigualdad económica y social en nuestro mundo que, además de profundamente injusto, se está convirtiendo en absolutamente insoportable porque dinamita cualquier concepción de colectividad erigida sobre unos mínimos de equidad y de bienestar común. Si la disparidad económica a escala planetaria, pero también dentro de nuestros países, no ha parado de crecer de manera exponencial desde los años noventa, en las últimas décadas el ritmo no ha hecho sino acelerarse. Aquella frase a la que se suele recurrir, “las crisis generan oportunidades”; es verdad, pero resulta una valoración muy cínica ya que lo que produce es una multiplicación de la capacidad acumuladora para aquellos que disponen de los mecanismos de especulación adecuados y la posibilidad de forzar la disminución de los costes de producción gracias a una precariedad y unos salarios que llevan hacia la miseria colectiva. En la actual fase del capitalismo, desarraigado y desregulado, ya no hay lugar para la compasión, ni tampoco ganas de mantener las clases medias.

Se ha simbolizado la sociedad de la desigualdad y de la fractura de la riqueza con la escisión de condiciones y de intereses entre el 1% más rico y beneficiario de casi todo, con el 99% en proceso de precarización y empobrecimiento creciente. Se calcula que este año la progresión de la iniquidad a escala global, hará que la riqueza acumulada de este 1% ya sea tan grande como la que concentra el resto de la población. Dicho con cifras, 70 millones ya tendrán tanto o más que 7.000 millones de personas. ¿Qué teoría económica y qué concepción social puede justificar y explicar una barbaridad de estas características? Por si alguien esto aún no le resulta lo suficientemente indicativo del despropósito y de la imposibilidad de un futuro razonable, se le podría añadir que las 300 personas más adineradas, disponen de los mismos recursos que los 3.000 millones de personas con menos suerte y quizás más escrúpulos. Como es lógico, el problema no es sólo que unos sean muy ricos y otros menos, es que más de 1.000 millones de personas viven con menos de 1,25 dólares al día. ¿Qué proyecto de vida, qué dignidad puede tener en estas condiciones?

España no sale precisamente bien parada en términos de desigualdad, donde el ritmo de crecimiento experimentado ha sido muy por encima de la media. Es el país más desigual de Europa, sólo después de Letonia, y el 1% predominante (400.000 personas) dispone del equivalente a 30 millones de personas con menos suerte. El sistema fiscal español se considera menos efectivo que el del resto de países europeos para corregir esta tendencia insensata. No hay milagros. Las desigualdades se corrigen con un sistema fiscal más proporcional, equitativo y estricto, que permita mantener los servicios sociales básicos y las políticas públicas, así como revalorizando el nivel de los salarios. Se puede decidir, es un tema de prioridades, de preferencias, de ideología, de política. No necesitamos sólo políticos diferentes, necesitamos también y sobre todo, políticas diferentes.

 

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