Javier Cercas. El impostor

Para terminar el año una recomendación tan poco original como escasamente arriesgada, pero literariamente contundente e incuestionable como lo es la última aportación de Javier Cercas. Otra de sus novelas “sin ficción” de las que se ha convertido probablemente en el mejor creador contemporáneo en lengua castellana. Tiene la estructura, la trama, y el interés de la mejor obra de ficción, pero lo que hace es explicar uno de los casos más sórdidos producidos en nuestro país en los últimos años, como lo fue la vida construida sobre el engaño, sobre la impostura, por parte de Enrique Marco. El libro se fascinante, magnífico, contundente. No es muy importante determinar a qué estilo literario haya que adscribirlo ni a qué género se dedica Javier Cercas. Tiene lo mejor del “nuevo periodismo”, pero a la vez difícilmente se puede hacer escritura más creativa que la que erige el autor, los diversos planos de la realidad y la ficción que es capaz de combinar, su implicación personal en su propia obra, como si construyera también su propia biografía. Vida y literatura quedan, afortunadamente, deliciosamente confundidas.

En El impostor (Random House, 2014), Javier Cercas va más allá de la realidad novelada de su última obra Las leyes de la frontera o incluso de Soldados de Salamina, y se acerca más a la narrativa realista y de crónica de la realidad que fácilmente se podría pensar que es ficción sin serlo, como hizo en la celebrada Anatomía de un instante, pero ahora lo hace todavía de una manera más radical. El personaje y los hechos que refleja hacen bueno el dicho de que la realidad supera la ficción. La construcción del relato, su in crescendo resulta impactante e impecable, aunque se conozca la historia. Como describe muy bien la contraportada del libro, es un thriller hipnótico, “un banquete con muchos platos: narración, crónica, ensayo, biografía y autobiografía”. Lo más significativo del libro no es el retrato de un engaño de proporciones grotescas y de mal digerir en la medida que tiene que ver con la invención de un pasado dramático en campos de concentración del nazismo, sino en la capacidad para reflexionar sobre la tendencia al autoengaño de todos nosotros, un cierto grado de impostura en la que todos tendemos en una u otra medida. En el fondo, todos necesitamos sentir afecto y necesitamos dosis combinadas de ficción y de realidad para que nuestra propia vida sea vivible, aunque algunos lo exageran y lo llevan al paroxismo, como en el caso de Enrique Marco. ¡Un gran libro!

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