El Govern i el topless

Esta semana, mira por dónde, se celebraba el día mundial del topless. Hay días para todo. Como el gobierno de la Generalitat que tiene una consejería de Igualdad y Feminismos y no va sobrada de trabajo, ha creído conveniente aprovecharlo para aleccionarnos y hacer una campaña publicitaria en la que estimula a la práctica del topless en nombre de superar la discriminación de género al respecto. Se ve que una asociación de nombre tan elocuente como el de Pezones Libres, ha sido la inductora de una campaña donde, qué curiosidad, en la parte gráfica se muestra el pezón de un hombre y no aparece ninguna mujer. Que yo sepa, la práctica del toples no sólo no está prohibida, sino que se practica con toda normalidad por aquellas personas que les apetece y se sienten cómodas. No veo ni siento ninguna reacción airada de nadie que se sienta ofendido por tal cosa. Normalidad. Quien quiere lo hace, pero nadie está obligado a hacerlo. Aceptación y tolerancia por parte de todos. Los tiempos del blanco y negro de gente puritana y falsamente beata que reaccionaban estremecidos ante unos senos femeninos al descubierto hace mucho tiempo que han pasado a la historia. Afortunadamente. ¿Qué sentido tiene esta campaña, entonces?

Ciertamente realiza una función de sustitución de ocuparse de los problemas reales, de distracción. A medida que los gobiernos, todos, han ido quedando incapacitados para actuar sobre problemas estructurales, suelen actuar en terrenos simbólicos como vía para conformar un grupo de afinidad. Ya hace años, existe un progresismo más bien de postureo que de realidad al que le encanta librar batallas culturales en lugar de cambiar el contexto en el que nos vemos obligados a desarrollar nuestras vidas. Existe una desigualdad creciente que arruina el concepto de sociedad, sus lazos y sus solidaridades. Hay una cada vez más precarización en el mundo del trabajo, más gente excluida y pobre. Tenemos problemas por falta de viviendas asequibles y las situaciones de pobreza aumentan, mientras hemos medio desguazado el Estado de bienestar. Podemos continuar. Tenemos el calentamiento global, el cambio climático, el envejecimiento de la población, la sobrepoblación, la falta de expectativas para los jóvenes, ciudades sucias, una turistificación insoportable en las ciudades… Como ni se sabe ni se tienen muchos instrumentos para actuar frente a los retos de verdad, nos distraemos en temas de valores sobreactuando y pontificando.

Lógicamente, no es que el tema de la igualdad y los feminismos no sea importante. Lo es y mucho, pero tiene que ver con la necesidad de cambios culturales y de mentalidad que, alcanza a la esfera personal y, en todo caso, deberían impregnar toda la obra de un gobierno. No tiene sentido, y en ocasiones se generan reacciones contrarias, cuando se crean departamentos cuya función, creen, es la de ejercer de comisariado. Por la misma regla de tres, debería haber ministerios o departamentos que se ocuparan de la libertad, de la fraternidad, de la empatía o del buen humor. Que sea deseable, que aspiremos a que la sociedad avance hacia estos valores, no implica que sea necesario un departamento de gobierno. Éste, el sentido de su existencia es gestionar y promover políticas públicas. Para la sensibilidad, la espiritualidad o del espíritu cívico como ciudadanos no necesitamos leyes, reglamentos ni declaraciones de buenas intenciones de los gobernantes. Éstos, que se ocupen de mejorar las condiciones materiales de nuestra existencia o, como mínimo, que no las empeoren demasiado. Al menos yo, no encuentro demasiado progresista estimular batallas culturales con la derecha más reaccionaria, que es de hecho lo que se busca con este tipo de campañas. Así, se crea un “nosotros” y un “ellos” que sirve sobre todo para alinear bandos opuestos y cohesionar cultural y políticamente a los “tuyos”. La forma de crear una polaridad que no lleva a ninguna parte más allá de aumentar la crispación. No contribuye al avance de la sociedad y más bien a su retroceso. La derecha extrema, o no tanto, se mofará y levantará el grito en el cielo. Gente que no es reaccionaria, que tiene problemas e incertidumbres que no se le ayuda a resolver y que no es carca, se apuntará. Lo hará porque se ha hartado de tanta impostura.

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