Ética y tecnología

La ciencia y la tecnología juegan un papel definitorio en nuestras vidas. Cada vez más. Aunque nos resulten incomprensibles los campos de investigación más vanguardistas y el uso de una jerga de superexpertos, sus cada vez más inmediatas e impactantes aplicaciones prácticas transforman la economía y la sociedad de manera más espectacular y drástica de lo que lo han hecho nunca las ideas políticas y sociales. Nadie decide sobre la conveniencia o no de desarrollar y disponer de internet, pero la verdad es que apareció y los cambios que ha provocado, y con él toda la cultura digital, ha resultado la mayor disrupción de la historia, como mínimo desde la revolución industrial. Parece como si lo realmente importante en el mundo y en nuestras vidas no se decidiera, sino que se produce espontáneamente. Las capacidades científicas y tecnológicas actuales nos sitúan a menudo ante dilemas éticos y morales de un cierto calado, o al menos deberían hacerlo. Un mundo éste privado y al margen de todo control y sin que las prioridades se fijen de forma democrática. Con el sistema de cámara oscura, no se garantiza la “libertad” investigadora de tecnólogos y científicos como alguien podría argüir, sino los intereses empresariales que lógicamente hay detrás de la costosa actividad investigadora. Las innovaciones son de tal calado que a menudo se producen sin un marco legal previamente definido, el cual deberá desarrollarse a posteriori cuando algunos efectos perversos ya se han establecido y cuando el debate posible está mediatizado por los intereses ingentes que han adquirido las grandes corporaciones. La lógica monopolista de los gigantes de la informática y de las grandes plataformas de Internet es una prueba de ello, teniendo los estados que someter a Apple, Microsoft o Google a grandes procesos judiciales para evitar el establecimiento de monopolios y mantener, al menos las apariencias, que sigue funcionando el libre mercado.

La importancia de la ética en la inteligencia artificial - IA Latam

Sin caer en una desconfianza enfermiza con relación a la ciencia y la tecnología, lo cierto es que el tema de los límites de lo que es humanamente aceptable existe, nos lo planteemos o no, como hay un problema con relación al mantenimiento de la privacidad que algunas aplicaciones tecnológicas están obviando de una manera casi escandalosa. La dependencia de carácter casi feudal, de sumisión a los designios y la lógica de grandes corporaciones como Apple o Google, es preocupante en términos de libertad individual. Una cierta idiotez para la novedad y para lo último en aplicaciones tecnológicas a la moda, nos impide discernir o dar importancia que estamos entregando nuestra individualidad, nuestra privacidad a grandes empresas, intromisión que no toleraríamos que lo hiciera directamente el Estado. Se ha instalado la creencia de que todo es medible y cuantificable. Se controla cada clic que hacemos y cada palabra que introducimos en el buscador. Todo es observado y registrado. La tecnología, en nuestros días, sustituye la función que antaño estaba reservada a la religión. Se ha convertido en una especie de refugio contra toda incertidumbre, pero no se tolera la libertad de pensamiento fuera de su estricto marco de funcionamiento. Se ha dotado a la ciencia ya los aplicativos tecnológicos de una función ideológica, consistente en proporcionar de certeza, ser un punto de referencia y proveer de sentido a la vida. Parece como si a estas alturas, toda noción de progreso se hubiera concentrado en el conocimiento científico y tecnológico.

El imperio del tecnológico tiene sus peligros y sus disfunciones, así como la necesidad de proteger algunos valores básicos de nuestra sociedad que corren el riesgo de verse asaltados y arrasados. Quizás algunos aspectos de los trabajos en biotecnología sean los que resultan más inquietantes. Los avances en este campo permiten literalmente reescribir el código de la vida, como quien reescribe la programación informática. Hay quien considera que los científicos de algunas compañías que están trabajando en ello, cambiarán la raza humana tal como la conocemos hoy en día. Esto, convertiría, comparativamente, la revolución digital en algo minúsculo. Ya no se trata de conocimiento biológico para combatir o prevenir enfermedades, se trata de que por primera vez en la evolución que un producto de la evolución pueda modificarse a través de la ingeniería. La humanidad, así, podría estar en los albores de la creación de nuevas especies, modificar las existentes y mutarse a sí misma. El darwinismo puede quedar como algo del pasado en la medida que la genómica pueda practicar una arquitectura biológica diseñada para ajustarse a los deseos, las locuras o a las demandas del mercado. Que se pueda reescribir la vida es notablemente inquietante, más cuando lo que es posible a nivel científico no habrá código ético o prohibición gubernamental que pueda impedir que se acabe realizando.

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