Frédéric Beigbeder. Una vida sin fin

A veces la ficción permite explicar las cosas con mayor profundidad de lo que lo haría la teoría. A menudo la novela es un gran recurso para conocer situaciones históricas o las pulsiones más recónditas que se dan en los diversos contextos sociales y culturales. Y esta del escritor francés Fréderic Beigbeder lo hace. De hecho, este escritor practica un estilo literario en el que no huye justamente lo más inmediato de nuestra contemporaneidad. La ficción en sus manos sólo es un instrumento a través del cual reflejar e incidir en aquellos temas más candentes de nuestro mundo. Ejerce de enfant terrible y no deja de poner el dedo en la llaga sobre las hipocresías más comunes en la sociedad francesa y occidental, sin rehuir tomar posiciones política y socialmente incorrectas. De la generación literaria de Michel Houellebecq con quien le une una gran confraternidad y con quien se hacen aparecer siempre como personajes episódicos en sus obras respectivas. Ninguno de ellos deja de enfrentarnos con la realidad, sobre las miserias de la condición humana cuestionando horizontes de grandeza que en realidad no existen. Escritores que te pueden interesar mucho, como es mi caso, pero que si a alguien le resultan odiosos no es óbice para que sean absolutamente imprescindibles de cara afrontar la realidad, huir de nuestra zona de confort moral y cultural, para practicar el noble arte del pensar. A esto sólo te obliga lo que está escrito no con el ánimo de agradar sino de provocar convulsión y reacción. Este libro de Beigbeder lo hace.

FRÉDÉRIC BEIGBEDER | Una vida sin fin – La Llama Store

El protagonista de esta novela hace un viaje a la inmortalidad, es decir, un intento de perpetuarse a través de los recursos de la biotecnología y la medicina que, a estas alturas, resultan más reales y creíbles que no una mera idea de la ciencia ficción. Hay toda una corriente de pensamiento y también de obsesión sobre la posibilidad de hibridación de la condición humana con la tecnología. El transhumanismo de “locos” de Silicon Valley, como Ray Kurzweil, tiene más seguidores y recursos de lo que a priori se podría pensar. La distopía de la inmortalidad va ligada a una fe ciega en las posibilidades de la tecnología y de los avances casi disruptivos que se están produciendo en la biología y la medicina más vanguardistas. A través del personaje principal, Beigbeder hace un auténtico reportaje sobre científicos e instituciones que se mueven en la frontera del conocimiento, pero también sobre lo que es ético y lo que no en la investigación científica. Aunque Una vida sin fin (Anagrama, 2020) sea una novela, en realidad tiene poco de ficción y mucho de profundización sobre la angustia que provoca la muerte y la búsqueda de perpetuación tan presente en la condición humana. Pero imaginar la vida sin el contrapunto de la muerte resulta casi tan insoportable como aceptar nuestra condición mortal. Una novela inteligente, profunda y provocadora; también irónica, estimulante y con fuertes dosis de histrionismo como las que nos tiene acostumbrados su autor. Una obra que, en el fondo, refleja la inmensa pulsión narcisista que se ha impuesto en nuestra sociedad, también como una epidemia, donde el selfie y la adoración de nuestro yo se ha convertido en estilo y finalidad de nuestra vida. Aspiramos una vida eterna, mientras no sabemos que hacer con la que tenemos.

 

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