Elecciones en diferido

No se puede negar que en Cataluña se ha hecho y se hace mucho para la innovación política. En el marco de El Procés, nada es lo que parece ni lo que se dice tiene el significado que parecería tener. Como casi todo es sólo lenguaje, se les da a las palabras un sentido diferente al que tenían provocando un efecto en el que la separación entre la materialidad y la irrealidad es prácticamente inexistente. A las consultas se les llama “referéndums”, a la parte se le llama el “todo”, a los dirigentes fugitivos se les llama “presidentes legítimos” o a las ocurrencias “hacer República”. Fruto del enfrentamiento entre las estrategias confrontadas del independentismo el Presidente de la triste figura afirmó que convoca elecciones porque ya la legislatura no da más de sí. De hecho, lo que ya no da para más es exprimir la situación política grotesca que se ha ido creando durante los últimos años con planteamientos y giros imposibles que han llevado al desgobierno y situar el país en un callejón casi sin salida. Sobre el papel, convocar elecciones resulta sencillo más allá de si es más adecuado o menos o si servirá de gran cosa en el atasco actual en el que nos encontramos. Es una prerrogativa clara del Presidente. Pero aquí las cosas no son tan nítidas, ya que tenemos un Presidente por delegación de otro que dice serlo y que en el espacio político catalán corta el bacalao desde fuera. Tampoco queda nada claro cuál es el partido del Presidente o bien si lo tiene. Convergencia, PDCAT, JuntsxCat, La Crida, Tsunami… Ni los que forman parte de este mundo saben ya muy bien por donde pasan y si militan o no en ninguna parte y quienes son los amigos y los enemigos. Las cosas no podían ser fáciles y dentro formulaciones lógicas. Todo parece una inmensa humorada. Quim Torra dice convocar elecciones, aparentemente para hacer la puñeta a ERC y su estrategia aparentemente más realista, pero lo hace en diferido. He aquí la novedad y la pretendida puñetería. En una comparecencia esperpéntica, dijo que lo haría, pero cuando se hubieran aprobado los presupuestos de Cataluña y así de paso poder ir a una campaña electoral después de que los republicanos se hayan tenido que “mojar” en la aprobación de los presupuestos de el Estado y el “diálogo” pactado no haya progresado adecuadamente.

Resultat d'imatges per a "torra y puigdemont viñetas"

Aunque se debe considerar un detalle sin importancia, el tema resulta una contradicción en los términos. Un presupuesto público no es un acto puramente administrativo, es nada menos que la materialización económica de un proyecto político a desarrollar por el Gobierno que los somete a aprobación. Votar los presupuestos y marchar, para que se convoquen elecciones resulta un despropósito, es como pensar que la administración es algo neutro que puede funcionar en modo “piloto automático”. Resulta incomprensible y aún más que haya quién desde fuera se preste a una actuación política tan burda, la blanquee. Si no se puede gobernar, ya sea porque se ha roto la mayoría de gobierno o bien porque se es incapaz, se deberían convocar elecciones para que una nueva mayoría, la que sea, haga un presupuesto según su proyecto político y lo desarrolle. La lógica democrática es ésta y no invertir los términos, el situar el carro delante de los bueyes. En realidad, y en el contexto catalán actual, ni presupuestos, ni políticas, ni la gestión tienen a los ojos de los que ostentan el gobierno ninguna importancia. Sólo hay una sucesión de gestos hacia la galería de cara a cautivar emocionalidades que entran en contradicción dentro del que hasta ahora era el mismo campo de actividad. Torra y Puigdemont no quieren pagar la factura de pasar como los que han desairado unos presupuestos que ERC ha vendido como que eran suyos y ya los tenía acordados con otros grupos y quieren conseguir, además, poner en tensión el juguete del pacto de investidura y la mesa entre gobiernos que han conseguido los republicanos. Juego de posiciones para hacerse con el “relato” de la situación e ir a unas elecciones en mayo, antes de las que nos esperan todavía muchos giros inesperados. Más que políticos, de lo que va sobrado el país es de saltimbanquis y de malabaristas. Los que ostentan el poder, a menudo no tienen mucha más pretensión que continuar ocupándolo. Lo explicó bien Giuseppe Tomasi di Lampedusa en Il Gattopardo en relación a las clases dominantes en la Sicilia de su época: a veces hay que cambiar algunas cosas para conseguir que todo siga básicamente igual.

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