La política como modus vivendi

Odio hablar de este tema, porque demasiado a menudo resulta terreno abonado para el populismo antidemocrático asociar toda actividad política a la pretensión de enriquecimiento. Y es obvio que no es así. La dedicación a la política debe ser remunerada cuando requiere dedicar una cierta cantidad de tiempo que va en detrimento del propio trabajo, de lo contrario significaría que a esta actividad que incluso puede ser honorable, sólo se podrían dedicar los rentistas. Lógicamente, no debe ser así. Ahora bien, la cantidad de gente que la política libere de otras funciones debería estar un poco más proporcionada. En algunas instituciones claramente no es así. Como tampoco lo son los salarios que se adjudican. Los cientos de asesores de la Generalitat son injustificables, como lo son el centenar de liberados de la Diputación de Barcelona, o bien, que ayuntamientos que no llegan a los 50.000 habitantes, pongan a dedicación y sueldo una docena de concejales. En los ayuntamientos especialmente, hay una tendencia creciente a que los concejales electos consideren que, más que un cargo de representación, creen haberse hecho con un puesto de trabajo. No debería ser así, los ayuntamientos ya tienen sus técnicos y empleados. Hacer política, sería otra cosa.

La reciente constitución de ayuntamientos y otras instituciones ha resultado bastante escandalosa en el tráfico de cargos y salarios. Alcaldes y concejales que han aumentado el 30 o el 40% la remuneración respecto a la legislatura anterior no han resultado anécdota de aldea remota. Es bastante evidente que los administrados no han visto revalorizar en cuatro años su sueldo o su pensión en esta proporción. El mensaje “utilitarista” de la política que se lanza a la población resulta demoledor. Y aunque algunos partidos pueden ser más dados que otros a tener manga ancha en este tema, la cuestión resulta bastante generalizada. Casi en todas partes la cuestión se ha aprobado por unanimidad, sin oposición. La clave resulta aumentar, también de manera generosa, las percepciones de aquellos que no están en gobierno. La fe de los partidos políticos radica en pasar vergüenza unos días y confiar en el carácter efímero de la memoria de los votantes. Y es que el tema de los “salarios políticos” resulta un tema crucial tanto en el terreno económico como en el simbólico. En general tienden a ser desproporcionados al alza. Cualquier cargo-coartada suele estar por encima de los 60.000 euros anuales y una gran cantidad acercan a los 100.000 euros o incluso los superan. En la vida civil, ingresar este dinero trabajando, es casi una utopía por más que uno se levante muy temprano.

Resultat d'imatges de vivir de la política

Toda la recua de prebendas y salarios que surgen del erario público tienden a crecer de manera exponencial. Esto resulta ya un axioma. Me gustaría que algún diario o algún periodista de esos que se llaman “independientes” se dedicara a contabilizar la cantidad de gente que, cada partido, tiene colocada. Y no me refiero sólo en cargos de representación, que estos son los que resultan más visibles, sino a la inmensidad de canonjías que se crean en el entorno de las administraciones y de sus tentáculos en empresas público-privadas. Sería escandaloso y rompería bastante el aparente oasis político que hay en esta cuestión, ya que nadie se quiere hacer daño. Lo curioso es el lenguaje. A muchos de estos personajes a sueldo que no responden a nadie más que al partido se les llama “liberados”. Justamente su función y dependencia salarial los hace todo, menos libres. Aparte de la iniquidad de este sistema de colocación, la perversión es que ni la media de los que van a parar es la de los más formados y capaces, como también que antes que perder un salario que duplica o triplica el que ganarían en el mundo laboral convencional, se plegarán a hacer cualquier papel y se resistirán hasta la muerte en tener que volver a buscar cómo ganarse la vida. Gente recolocada ahora aquí ahora allí durante toda su vida laboral y haciendo la función, dicen, de “cuadros políticos”. Cuando se les pregunta por su capacidad de pervivir en este mundo, apelan a su acerado espíritu de servicio.

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