Michel Houellebecq. Serotonina

Cada nuevo libro de este autor que irrumpió de manera ruidosa cuando publicó Las partículas elementales, resulta todo un acontecimiento. Por supuesto en Francia, pero por extensión en toda Europa. Ciertamente uno de los mejores novelistas franceses actuales -y mira que este país genera constantemente de muy buenos-, que no deja indiferente a nadie. Hay auténticos seguidores de todo lo que escribe -entre los que me cuento-, pero hay muchos lectores que le odian, pues su incorrección política les provoca asco. Es bastante claro que no tiene una noción de la vida, que no la describe, de manera apacible o romántica en sus escritos. Pero la realidad es como es. O al menos esa es una visión de la condición humana. El narrador-personaje de esta obra es, una vez más, un desarraigado obsesivo y autodestructivo que nos relata su vida poniendo especial énfasis en un historial amoroso plegado de errores, de abandonos y de frustraciones, que repasa de manera entre cómica, resentida y patética. Hace un dibujo muy áspero del mundo y de sí mismo, punzante, caracterizando una civilización occidental a la que no le prevé otra cosa que un mal final, el desastre. La novela repasa varios de los malestares que provoca la globalización en forma de olvidados que responden entre airados y desengañados. Su protagonista, que de alguna manera es también su alter ego, encajaría bien en el papel de chaleco amarillo en la Francia actual.

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En Serotonina (Anagrama, 2019), Houellebecq vuelve a crear un personaje central nihilista, triste y frustrado, y sobre todo abrumado por la pérdida del deseo sexual toda vez que su consumo compulsivo de antidepresivos para mantener un mínimo de estado de ánimo, le encoge una pulsión sexual que resultaba el centro casi absoluto de su vida. En esto el autor reincide. Sus personajes expresan siempre una sexualidad muy marcada y elemental, con pocas concesiones a la corrección tanto en el lenguaje empleado como en los comportamientos y valores que rezuma. Es justamente este aspecto lo que provoca que muchos lo hayan tachado de misógino o incluso de machista, confunden el qué y sobre el que escribe con el mismo novelista, como si lo que narra fuera estrictamente autobiográfico, o bien su “programa”. Las lecturas mecánicas y simplistas de este autor ciertamente podrían convertirlo en un personaje bastante repulsivo. Creo sinceramente que él está bastante más allá de eso. Escribe sobre valores y comportamientos “reales”, aunque sean poco defendibles. La vida no suele ser como nos gustaría. Y es especialmente de agradecer que, justamente, pretenda sacudir las mentes bienpensantes huyendo de tópicos y de la moralidad pequeñoburguesa generalmente aceptada. Ciertamente es un libro crudo, obsesivo y brutal, donde se retratan personajes miserables, aunque honestos, para reflejar la decadencia de una civilización y una cultura por medio, una vez más, de la biografía y las reflexiones del macho occidental y heterosexual que se siente derrotado. Un hombre descreído y solo gobernado fundamentalmente por su pulsión fálica y con una gran torpeza emocional. Deja, sin embargo, una pequeña rendija de posibilidad de redención en el amor.

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