Salarios

Patronal y sindicatos acaban de firmar en España un pacto laboral según el cual se facilitará un aumento salarial del 1% en el año 2015 para aquellos convenios sectoriales y territoriales que se tengan que renovar. El tema ha sido explicado de manera triunfalista por unos y otros. Unos porque eso sería, en su opinión, la expresión de la confianza en la recuperación económica y una manera de fomentar el aumento de la demanda interna y, para los otros, una demostración de fuerza de cara a recuperar capacidad adquisitiva por parte de los trabajadores y, de paso, justificar su papel toda vez que los últimos tiempos ha parecido que pintaban realmente poco. El problema, es que si se va más allá del titular triunfalista y autosatisfecho, este acuerdo de aumento salarial es una auténtica tomadura de pelo, ya que no sólo no contribuye a recuperar la inmensa capacidad adquisitiva perdida en los últimos 10 años, sino que sólo ciñéndonos 2015 representará un retroceso de salario real, ya que la inflación prevista es del 1,5%. Más que un cambio de tendencia en la evolución de los salarios, estamos ante la confirmación de la existente, así como de una actitud resignada de unos sindicatos para los que la globalización de la economía y las facilidades deslocalizadoras de las grandes empresas les ha puesto de rodillas. No sólo no poseen ya capacidad intimidatoria, ni siquiera la posibilidad de hacer de contrapeso a la versión extrema, de máximos, del capitalismo actual.

En los últimos diez años, los salarios reales en España han descendido de media un 30% con respecto a la capacidad de compra. Este es el deterioro real en el que, en 2015, aún se piensa sumar medio punto más. A pesar del carácter deprimente de estos datos, no son las peores. Las estadísticas nos hablan de salarios de las personas que aún disponen de contratos dignos y de una cierta estabilidad, las cuales no son más del 50% de los ocupados, en un país en el que el 25% ni siquiera tiene trabajo, ni en condiciones dignas ni tampoco indignas. Dicho de otro modo, la vergonzante subida del 1% del salario nominal no lo disfrutará más que una de cada tres personas que forman parte de la población activa del país. Todos los trabajadores que se mueven en el mundo de los contratos-basura de días o de semanas, han visto reducir sus ingresos de manera escandalosa. Trabajar de manera precaria por 400 € mensuales o con remuneraciones de 3 € la hora no son casos anecdóticos, sino muy comunes. La reforma laboral del PP permite ir desplazando el contingente de trabajadores con la estabilidad de los contratos indefinidos, hacia la precariedad y salarios mucho más bajos. Hoy, el sueño erótico de cualquier ejecutivo de empresa de tercera regional se ha convertido en fácilmente realizable: deshacerse de los trabajadores estables y con salarios dignos y sustituirlos por contingentes de empleados temporales y salarios de miseria. Cambiar estabilidad por precariedad, personas exigentes con sus derechos por empleados dóciles y agradecidos, experiencia y capital humano sustituidos por pura fuerza de trabajo. Lo que resulta curioso es que las mentes pensantes de las escuelas de negocios llaman a esto aumento de la productividad y mejora de la competitividad. Yo prefiero llamarlo lo que es: la implantación de una concepción miserable del mundo y la destrucción de cualquier horizonte aceptable para las personas.

 

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