Federalismo y gobernanza en un mundo global

El espectacular ensanchamiento de los espacios económicos y sociales debido a la mundialización no se ha visto acompañado de una amplitud similar respecto a los espacios políticos, ni se vislumbra una evolución mundial hacia un Estado cosmopolita. Desde el punto de vista de la gobernanza, se hacen imprescindibles dos procesos paralelos que, aunque puedan parecerlo, no son contradictorios, sino complementarios. La existencia de potentes instituciones internacionales, habilitadas para tomar decisiones de gran calado, no excluye el necesario reforzamiento de los Estados-nación como ámbito de toma de decisiones políticas y de regulación. Las estructuras nacionales, fragmentadas y en competencia son demasiado débiles ante el globalismo y el poder de las grandes corporaciones, que les chantajean para volverse volátiles. Pero es necesaria cierta compartimentación del poder, así como de algunas dinámicas económicas y sociales, para evitar justamente procesos globales incontrolables. Lo nacional y lo mundial deberían entrar en una relación nueva, en una ecuación renovada de atribuciones, de políticas y de poder.

El federalismo constituye el principal modelo a seguir en el proceso de articulación de la política mundial. Es el único capaz de compatibilizar y garantizar las distintas identidades locales, nacionales e internacionales en armonía con las exigencias de la interdependencia, la integración y la globalización. Necesitamos, pues, un principio político capaz de favorecer y posibilitar un proceso de autointegración activa y gradual de los Estados y regiones singulares en una dependencia práctica internacional. El federalismo, probablemente, sea la teoría política adecuada para el mundo actual que requiere articular lo local y lo global. Una concepción política alternativa y diferente a soberanía compartida, según la cual una diversidad de colectividades parcialmente autónomas y soberanas pueden cooperar dentro de una forma gobierno de múltiples niveles, y en base a la negociación, consentimiento y cooperación. La interconexión, la interdependencia y el cruce local, regional, estatal y global desafían las formas y modelos de organización política tradicionales. El Estado ya no es en modo alguno la única fuente de diseño y elaboración de políticas públicas que afectan a sus miembros.

El equilibrio constituye la idea, el método y el criterio básico, lo que el federalismo pretende institucionalizar a través de la organización y estructuración política de nuestras sociedades. El equilibrio organizado institucionalmente, esto es el federalismo. Cada vez es mayor la percepción que se tiene a nivel mundial de que la era de la soberanía exclusiva e incontestable del Estado está llegando a su fin, pero también hay que organizar la gobernabilidad global impidiendo que las grandes corporaciones y el capital financiero operen en el marco planetario totalmente fuera de control. Conviene aclarar, que los Estados seguirán haciendo una función importante, propia e irremplazable, pero eso sí, no ya de forma exclusiva y hegemónica. Los Estados son demasiado pequeños a nivel mundial para asegurar la doble función de toda autoridad: garantizar la seguridad y prosperidad de todos los miembros de la colectividad y conseguir, al mismo tiempo, una eficaz participación en los asuntos mundiales. Es necesaria la cooperación, la integración y la unidad entre regiones, Estados y continentes.

Se deben articular dos polos: la atracción de la globalización bajo la presión de la nueva revolución tecnológica y la fascinación por la singularidad cultural, nacional y local. Esta doble tensión se confirma pues de la unión en la diversidad. La belleza de lo diminuto, de lo pequeño y de lo más cercano. Federal se refiere y utiliza para describir un modo de organización política que vincula unidades diferentes en un sistema global, permitiendo, al mismo tiempo, que cada una mantenga la integridad política fundamental. El federalismo es más una metodología que una ideología. Pretende dar respuestas globales, integradas y puntuales a los problemas que también considera globales tanto desde el punto de vista de las estructuras como del contenido social; y reconociendo siempre la múltiple pertenencia del ser humano respecto a diferentes colectividades y grupos sociales. Grupos humanos nacidos de múltiples solidaridades naturales y voluntarias. Cada uno con su sentido de identidad. Es necesaria, pues, una vía adecuada para garantizar la pluralidad de las obediencias y lealtades.

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