Una monarquía en deconstrucción

La monarquía es un sistema de estado que ya era desfasado en el siglo XIX, hacía un evidente olor a naftalina en el siglo pasado y que en los tiempos actuales no es posible de tomarse en serio. En España se ha convertido en una parodia de sí misma, que hace sonreír por su inutilidad, su carácter torpe y unas formas decimonónicas ya difíciles de sostener. Ha ido perdiendo su carácter simbólico para ir convirtiéndose en patética, mientras los antaño monárquicos la biología se los ha llevado o bien, por sentido del ridículo, se han ido borrando. En las encuestas gubernamentales ya no se pide por el apoyo ciudadano a la monarquía para no poner negro sobre blanco lo que hace tiempo es bastante evidente. La reinstauración de la monarquía en las postrimerías del franquismo resultó el pacto necesario justamente con un franquismo que no había sido derrotado. Que el “generalísimo” muriera en la cama no es anecdótico. Una monarquía parlamentaria fundamentada en una constitución democrática fue el punto de encuentro entre lo viejo y lo nuevo. El ahora llamado Régimen del 78 se le pueden atribuir todas las carencias que se quiera, es del todo legítimo, pero ha posibilitado la convivencia y el progreso durante más de cuarenta años, que España no había disfrutado en su historia y aunque ya toque ir más allá, sería bueno de reconocerlo: estructuras democráticas, desarrollo del Estado de bienestar, integración en la Unión Europea, reconocimiento de la diversidad interna con una configuración territorial casi federal …

Es evidente que en el establecimiento y la preservación de la democracia el papel de la monarquía “juancarlista” ha sido muy sobrevalorado. Ni nos “llevó” la democracia, ni nos evitó el retorno al pasado que significaba el golpe de estado del 23-F. Ha estado allí como figura simbólica jugando, con más o menos destreza, el papel que se le asignaba. Para la derecha política y sociológica representaba la garantía de que no se saldarían cuentas con lo que había significado el franquismo, mientras que por la izquierda representaba la superación “guerracivilista” en España y consideró que había que tragarse un sistema y una figura de manera resignada. Pero han pasado los años y la arquitectura constitucional se ha desgastado y envejecido, y la monarquía se percibe ya ahora como un sistema político amortizado. La gente que vivió la transición cada vez es más minoritaria y las generaciones más jóvenes ya no mantienen los miedos de antaño. Es una forma política agotada y, lógicamente, las corruptelas y los comportamientos privados lo hacen más evidente y precipitan su desenlace. La autodemolición que ha hecho el monarca emérito de su figura resulta letal no sólo para sí mismo, sino por la misma institución monárquica. Sea del todo veraz o no, la imagen de un monarca sentado cerca de la piscina con una máquina de contar billetes entre las piernas resulta del todo imborrable e insuperable en el imaginario de la ciudadanía.

Viñetas para la reflexión sobre la necesidad de cambio de Monarquía a República en España de múltiples humoristas gráficos

Por mucho que se esfuerce el frío, distante y poco empático monarca actual y su altiva consorte, difícilmente pueden levantar ya la consideración popular hacia la institución. No sé si habían resultado nunca la solución, pero resulta bastante evidente que ahora forman parte del problema. El PSOE, ideológica y tradicionalmente republicano, parece haber entendido que estamos al principio del final. Algunos gestos gubernamentales así parecen indicarlo. Pero el proceso de sustitución resulta complejo ya que la derecha parece poco predispuesta a un gran pacto político que garantice una transformación del entramado institucional y un nuevo y amplio acuerdo constitucional. Una nueva constitución que, justamente, podría ser la oportunidad de introducir algunas reformas más a un sistema político español que parece necesitarlas. Para no entrar en un período de inestabilidad y conflicto político se hace imprescindible un acuerdo sólido y de fondo entre las grandes fuerzas políticas. Habrá que ver si la derecha se enroca en la defensa de una monarquía ya tan poco aceptada o bien lo hace por un modelo republicano presidencialista y con toques autoritarios, que es lo que ahora se lleva en algunos países europeos.

Resulta curioso que, a estas alturas, el mayor balón de oxígeno a la monarquía española provenga de aquellos desaforados antimonárquicos de última hora que han descubierto que blandir este tema es su oportunidad para esconder su necedad y sus vergüenzas. Para ir hacia una república, más que su gesticulación, ayudaría mucho más su silencio.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s