Michel Houellebecq. Sumisión

Que el libro haya hecho mucho ruido antes de salir y que haya tenido la azarosa coincidencia de ser anunciado justo cuando se produjo el atentado de CharlieHebdo, no le añade pero tampoco le quita nada a una obra que, no habría que olvidarlo, pertenece al género novelístico. Todo lo que ha rodeado su salida editorial, lo tengo que reconocer, más bien me echaba un poco atrás a la hora de afrontar su lectura. No por qué lo que trate me resulte escandaloso -ni mucho menos-, pero me he acostumbrado a que los buenos libros no generen un exceso de aspavientos. Incluso, el personaje entre enigmático, iluminado y cargado de rarezas que se ha construido el autor, más bien en cualquier otro caso me induciría poco a su lectura. Pero Houellebecq es Houellebecq. Me cautivó con Las partículas elementales y, desde entonces le he seguido con auténtica fruición. Antes de este de ahora, El mapa y el territorio, es uno de los grandes libros de la última década, por su estilo particular, pero especialmente por su capacidad de reflexionar sobre nuestras identidades múltiples. Houellebecq es un auténtico maestro en la construcción de artefactos literarios complejos, donde realidad y ficción se combinan y se confunden y donde los contornos autobiográficos no están nunca plenamente definidos.

En Sumisión (Anagrama, 2015), el autor construye una novela de “política ficción” donde retrata una posible Francia que, en 2022, contemplaría una mayoría política de signo musulmán, toda vez que los partidos tradicionales se han derrumbado. Una fabulación política y moral, cargada de pesimismo social, un cierto fatalismo sobre el futuro de Francia y de la cultura occidental, combinado con unas buenas dosis de humor. Plantea como en una Francia multicultural en la que conviven todo tipo de crisis culturales, éticas y políticas; la disyuntiva que termina por plantear es entre la opción “patriótica” y “étnica” del Frente Nacional, con el islamismo moderado, aparentemente transversal e integrador. La derecha tradicional y el socialismo francés acabarán por facilitar una mutación política singular. Lógicamente, el libro no tiene nada de escandaloso, a menos que nos dé por confundir los autores con su literatura, o ver elementos autobiográficos detrás de cada personaje. Una turbadora visión no sobre el futuro político que nos espera, sino sobre la inconmensurable capacidad de acomodo y el predominio de miseria moral que suele adornar la condición humana. Una meditación fronteriza sobre la mutación que sufre nuestra sociedad y sobre la que todavía no disponemos de los medios para explicarla. Novela densa e inquietante, muy sutil como lo suelen ser todas las de Houellebecq. Obra madura de un autor inquietante y melancólico, pero imprescindible.

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