José Ángel Bergua. Postpolítica

Son diversos los sociólogos y politólogos que en los últimos tiempos utilizan el concepto de postdemocracia (Zizek, Han, Gray, Baumann …) para referirse a un tiempo en que los grandes sistemas de pensamiento han quebrado y las ideologías se han ido desvaneciendo en tanto que el relativismo se ha ido imponiendo y ya no hay pretensiones de acción colectiva, ni siquiera de una mirada fijada hacia el bien común. Unos ciudadanos empujados a abandonar esta condición en pro de convertirse en consumidores compulsivos, han tendido a abandonar justamente la noción de responsabilidad civil en torno al concepto ahora triunfante de individualismo. Ya lo decía hace treinta años Margaret Thatcher, no hay sociedad, sólo familias e individuos. La falta de ideas, pues, que inspiren la acción política y la falta de objetivos claros y definidos ha llevado a que se impusiera el carácter “líquido” frente a cualquier posibilidad de solidez. El antagonismo de concepciones, de intereses de clase, ha sido sustituido por los intereses personales y por las preferencias de gusto. Los partidos políticos se han convertido en marcas que pueden ser intercambiadas en función de las tendencias o modas de cada momento.

En Pospolítica. Elogio del gentío (Biblioteca Nueva, 2015), José Ángel Bergua habla de todo esto, pero en lugar de caer en el pesimismo y en la pretensión de retornar a las concepciones “sólidas” de antaño, apuesta por una interpretación imaginativa, diferente. Para este profesor de ciencia política y sociología de la Universidad de Zaragoza, no hay lugar para lamentaciones ni para la depresión. Su mirada es postpolítica, considerando que la incapacidad de seducción del poder político y la cultura democrática impuesta las últimas décadas, ha llevado a que la ciudadanía se viera liberada de unos vínculos políticos que lo subyugan. Estaríamos ante la emergencia de un “demos” nuevo, emancipado de dependencias y dominaciones, que opera sobre unos códigos nuevos -postpolíticos y postdemocráticos-, autoorganizándose desde abajo, sin jerarquías y con una nueva cultura de lo colectivo. Defiende la capacidad creativa del ámbito social, cuando éste no está sometido a ningún dogal. La victoria del ámbito social frente a la hegemonía de la que han disfrutado durante años la Política y la Economía. Hay otros mundos posibles fuera de estos ámbitos que se han pretendido absolutos. El triunfo también del concepto diverso y plural de “multitud” frente al reduccionismo y el encuadre del concepto de “pueblo”.

El planteamiento y la visión de Bergua es bastante interesante y, al menos, sugerente. Un libro muy recomendable para todos aquellos que nos interesa y nos preocupa el reempoderamiento de la ciudadanía, la recuperación de los ámbitos de toma de decisiones colectivas y la reivindicación de la centralidad de la política frente a la hegemonía económica como ámbito de resolución de conflictos y de nuevas hojas de ruta para movernos en la incertidumbre. Si alguna pega tiene el libro es que se inscribe en la cultura académica dominante en nuestras universidades los últimos tiempos, en que se escribe sólo para ser leído en el ámbito universitario. No hay ningún esfuerzo para ser didáctico y hacerse comprensible. Un libro concebido para el interno académico, con barreras terminológicas y conceptuales que se hacen difíciles de superar para los profanos o no iniciados.

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